SIN SOSPECHA (Crónica del jueves. BBK Live 2025. Bilbao. JAPANESE BREAKFAST, ENGLISH TEACHER, PULP).

HACIENDO COLAS

Por fin llegó el jueves del BBK Live, ese día que para Morci y Ristra marca oficialmente el arranque del verano. Salieron sin prisa hacia San Mamés. Hacía calor. Parada táctica para pillar birras frías: la cola de la lanzadera al planeta Kobeta siempre se hace más amena con un refrigerio. Ristra, abanico en mano, y el Profesor, protegido por la gorra molona que le había regalado su asistenta, cruzaron en rojo el paso situado entre camino de capuchinos y Eitb, adelantándose estratégicamente a la tropa de la acera contraria. La cola no parecía tan larga, aunque el punki que se dio media vuelta farfullando “…qué cojones, yo me subo andando” no opinaba lo mismo… El avance era lentísimo. ¿Peor que otros años? ¿Menos presupuesto para buses? ¿Estrategia para incitarnos a reservar plaza en el bus de pago? Ristra, inquieta, fue a inspeccionar el frente. Algunos jóvenes modernos se abrían paso con determinación hacia grupos de colegas avanzados que les guardaban el sitio. Camisas estampadas, shorts, botas militares y mucha campera, que aún aguantaba su dignidad estética festivalera.

—Nos queda un buen rato —informó Ristra al volver.

—¿Se lleva la pantaloneta? —preguntó Morcillo.

—¿Pantaloneta…?— dudó Ristra, pero respondió “sí, eso parece”, porque no era plan de ponerse a debatir léxico.

Lo cierto es que allí no había mucho con qué pasar el rato sino de miranda, así que en ello estaban, divagando: ese tío me suena… ¿esos serán tan vielos como nosotros? !qué tatoo más chano!… Y en su escrutinio de pies a cabeza, Ristra repara en las muñecas ajenas…

¡Mierda! ¡Nooo! ¡No hemos cogido la puta pulsera cashless!.

Se apresuraron a deshacer el camino bordeando la hacienda de Bizkaia y la radiotelevisión pública vasca: las finanzas y la comunicación haciéndose un sándwich. Cruzaron un par de calles y accedieron a la explanada de San Mamés. Las pulseras se recogían en una entrada lateral del estadio tras zigzagear absurda, tontita y juguetonamente por un circuito de vallas para el frenado y conducción de individuos con destino a… la ¡diversión!, en este caso.

Por el camino, se habían resignado a reservar el autobús de pago. Tras colocarse en una de las colas de acceso, Ristra dijo que iba a mirar, por si había alguien conocido. Un par de minutos después, Morcillo recibió un mensaje de Ristra, abandonó su lugar y avanzó hacia el principio de la cola. Avistó a Ristra, que se había hecho hueco sigilosamente, como quien no quiere la cosa, y se unió a ella. Sin embargo, se dieron cuenta de que se habían colado para el bus de y 30. Haciéndose los longuis se trasladaron longitudinalmente a la otra cola, la de y 40, hora de su reserva. 

Es que nos hemos equivocado de cola… sonrieron a un grupo de otakus, que los miraron con indiferencia y superioridad moral de intachable código bushidō. Excusatio non petita…

EL BUS

Pronto se encontraron en el autobús, donde abrieron la última cerveza.

Morcillo siempre aprovecha estos eventos para observar y escuchar a la gente joven, que es la más interesante siempre, la más pura y la que trae esperanza y tranquilidad. La gente joven es maravillosa, y esto pese a toda la mierda tecnológico-comunicacional y el mundo tirando a feo e incluso con tintes apocalípticos que les ha tocado en gracia. ¿No será que lo vemos nosotros más tintado de apocalipsis de lo que lo está en realidad porque somos viejos y estamos más asustados? Da igual lo que hagan los fachas destructivos que patalean por el mundo: la gente, de natural, es decir, de joven, no quiere su mal rollo, su muermo, su cortedad, su resentimiento y su pulsión de muerte. Lo que quiere es vivir y pasarlo bien. La sociedad es eugenésica por naturaleza, si bien ésta permite que algunos aburtos, como Abascal y sus acólitos, lleguen a término solo para ilustrarnos con claridad sobre lo que intenta evitar… Quizá de ahí broten su resentimiento y su ira: de la íntima sospecha de haber sido un error apenas tolerable.

Ristra y Morcillo se apearon del autobús. Comenzaron la ascensión de la última rampa del monte sobre sus fornidas piernas. Piernas de acero esculpidas en gym lowcost —a partir de los 50, los ejercicios de fuerza son esenciales— que los impulsaron hasta la cima de Kobetamendi.

SIN SOSPECHA

Por el camino planearon la manera de colar los dos bocadillos que llevaban preparados, ya que, en caso de que el lector/a no lo sepa, no se puede, en teoría, acceder al recinto del BBK Live con bebida o comida.

Lo harían así: Ristra se pondría la gorra de Morcillo y esconderla bajo ella su bocata. Morcillo escondería el suyo entre el cinto y el abdomen.

Ristra sacó el bocadillo de la pequeña mochila de cuerdas que llevaba y, con ayuda de Morcillo, procedió a su escondite. La gorra le quedaba grande y le sobresalía bastante de la cabeza; la envoltura del bocata se veía a través de la rejilla de la gorra, pero sólo por detrás. Morcillo, por su parte, sacó el suyo de la riñonera que llevaba y, sin dejar de caminar, se lo colocó en sentido vertical entre la botonadura de sus bermudas y su bajo abdomen. La camiseta cubría el bulto adoptando parte de su forma.

De tal guisa se aproximaron al control de entrada.

Morcillo dejó que Ristra pasase primero y la siguió. Una chica de la organización escaneó sus pulseras cashless y les dio la bienvenida. Caminaron entre las vallas hasta el segundo check point, custodiado por un trabajador de seguridad. Morcillo observó cómo el hombre centraba su atención en la bolsa de Ristra, ejecutando una rápida revisión, sin percatarse del bocadillo bajo la gorra para, continuación, caer en la segunda variedad del mismo embuste morcillesco: Morcillo mostró la riñonera al hombte diciéndole que en ella llevaba el estuche de sus gafas. Al otro lado, tras la riñonera, el bocadillo dotaba de un paquete extra al Profesor Morcillo. Pero existía fuera del campo de visión del empleado de seguridad.

Caminaron satisfechos y se perdieron entre la multitud, extrayendo sonrientes los bocadillos de sus escondites.

Fotos: Profesor Morcillo

DE PASEO

El Profesor Morcillo volvió a meter el suyo en la riñonera. Miró al cielo, al rededor, sonrió y se echó una traca mientras caminaba.

El jueves es el día favorito de Ristra y Morcillo del BBK Live. Normalmente, hay menos gente, grupos interesantes y ausencia de artistas de moda demasiado masivos, que suelen ser tan incómodos en lo musical como por la cantidad de gente que desea verlos. También estaban Pulp, de quienes nunca habían sido especialmente fans, pero bueno, a los que respetaban y que les suscitaban cierta curiosidad.

Cumpliendo con la tradición y en honor a los colegas ausentes, se aproximaron a Basoa, el bosque de la electrónica, para escenificar sus bailes demodé, horror de los ojos más contemporáneos y regocijo de su propia autocomplacencia decadente. Pasos olvidados del tecno ancestral: brazos rígidos de robot ochentero, giros de cabeza forzados por un dedo en la barbilla, la gallina caponata… Cuando se aburrieron de su propio espectáculo, cotillearon los puestos de comida y merchandising y decidieron sentarse en la campa que se eleva frente al escenario ¿San Miguel? a comerse el bocadillo. Antes, Morcillo había cargado su pulsera cashless y comprado una cerveza que costaba 5,5 pavazos. Uau…

Foto: Profesor Morcillo

JAPANESE BREAKFAST

Desde allí asistieron al concierto de Japanese Breakfast, grupo totalmente desconocido para Ristra y Morcillo.

Japanese Breakfast se pusieron groovies, tras dos canciones con algunas pistas eléctricos programadas y donde la cantante le recordó a Morcillo, más por algunos dejes y arreglos vocales que por su apariencia, a Bjork. Y elegantes en la siguiente. Y dance punk conoce a dream pop en la siguiente. La teclista se pasó al violín y la cantante a la acústica para bajar el tempo. Ummm… apuesta arriesgada  pero probablemente adecuada a estas alturas de concierto. Lo fue: Uuu.. Esos arreglos beatlenianos en la siguiente. Y siguieron con slide en la guitarra eléctrica sobre la capa de acústica de la cantante. Muy elegante y preciosista.

Estos nuevos grupos de rock —”isleños”, iba a decir Morcillo antes de descubrir la ascendencia coreano-estadounidense de Japanese—, traen frescura y un pop-rock sin los viejos modos y prejuicios, para bien y para mal; pero entiéndase que es para bien, cuando son genuinos y buenos, porque no queremos calcos y repeticiones, sino frescura y renovación. Oh… y la cancion del gong (Morcillo ama los gongs). Era un gong pequeño pero un gong…

Y más groove inteligente, elegante y divertido.

PATATAS A 5 EUROS

Sin embargo, Ristra y Morcillo decidieron moverse hacia el escenario donde tocaba Maria Arnal, aunque, debido a una pequeña confusión con el horario, llegaron cuando ya justo acababa.

¡¿Qué hacer?! Como quiera que aún  tenían hambre, se dirigieron a los puestos de comida, los situados más cercanos a la entrada, y se decidieron por unas patatas fritas a 6 eurazos y con un ketchup de marca desconocida que, créannos, sabía a vinagre con toque alcohólico; o sea, estaba pasado. Pero bueno, ¡qué pasa con el control alimentario!, ¿eh, BBK?

El monte olía a hierba fresca. Otro motivo para preferir los jueves. Los juernes…

Bien, volvieron al chiringuito del merchandising. Morcillo preguntó, pero no, no había camisetas de English Teacher. Después curiosearon por los chabolos de comida de ese lado y ¡zas!: patatas a 5 euros. Cómorrrr??? Cuando Morcillo nacionalice el BBK Live (un decir, porque Morcillo acabará también con las así llamadas naciones) las patatas fritas serán gratis. Caminaron en círculos por la zona de mesas propiedad de la Cervecera Kobetas, que es cedida por ésta al festival, y se maravillaron de nuevo de la variedad de espacios y de la calidad del festival mientras volvían hacia el escenario Red Bull, Brugal, Johnny Walker o como se llamase, donde tocarían English Teacher en cosa de 5 minutos.

Foto: Profesor Morcillo

ENGLISH TEACHER

Habían pedido otra cerveza de 5,5 pavis en algún otro sitio. La pareja se había traído sus propios vasos de plástico.

Eran las 9 menos cuarto. El escenario donde iban a tocar English Teacher es uno de los escenarios secundarios del festival. Morcillo no sabía qué se encontraría. Ristra y él descubrieron este grupo cuando, buscando información sobre el disco Songs of a Lost World, de The Cure, vieron que la revista británica NME incluía su de debut This Could Be Texas en los primeros puestos; cree recordar Morcillo que en el segundo, por detrás de Romance, de Fountains D.C. y por delante de Songs of a Lost World, y eso no es que sea mucho, es que es la hostia decir.

English Teacher ocuparon el escenario. Uou… ¡Qué jodidamente jóvenes!, pensó Morcillo. Son unos chavalillos, le dijo a Ristra. Bien. Los guitarristas y el batería iban con pantalones cortos, tipo chandalero. La teclista, que también tocaba el chelo, y la cantante, guitarrista y teclista, un poco más elegantes. Bien. Aunque Morcillo es músico aficionado, o precisamente por eso, le suele costar identificar el número de músicos y de instrumentos que intervienen en una grabación. Y tratándose de una grabación tan sobresaliente como el LP This Could Be Texas, Morcillo hubiera pensado que habría algún componente más. Pero no, esa es la movida: grupos que suenan inmensos con poco más o sólo con batería, bajo eléctrico, guitarra eléctrica y voz: esa es la magia.

Foto: Profesor Morcillo

A Morcillo le impresionó la calidad de los músicos desde el minuto uno. Es algo que se ve. Cero nerviosismo. Una ejecución perfecta. Nada que ver con la supuesta ética punk de tocar de cualquier manera. Todo que ver con el talento. Todo que ver con el orden cósmico. Todo que ver con los valores de esta juventud. Todo que ver con la formación. Todo que ver con la cultura y los valores de las islas. ¿No? Yo creo que sí. El guitarrista y la cantante guitartista tenían pequeños stands con teclados y algún cacharro de reducido tamaño. Ella, Lily Fontaine (lo acabo de mirar en Wikipedia), segura, poderosa y sonriente. ¿Cuántos años tendrá? ¿20? El bajista con esa estilosa onda en el pelo de jugador de tenis en Retorno a Brideshead. Bueno. Fueron desgranando canciones de su disco y tocaron una nueva. Primero se centraron en lo lírico, con Lily aproximándose hasta el terreno vocal de una Adele. Luego abundaron en su lado más progresivo, los músicos brillando de absoluta soltura y precisión.

¡PROFESOR! ¡PROFESOR!

A medio concierto, Morcillo fue a pedir una cerveza a la barra. Ristra había llevado unos vasos de plástico que Morcillo pensó que serían de alguna edición anterior del propio festival, pero en realidad eran del festival hardcore del BEC donde habían tocado Agnostic Front y Bad Religion y, ventajosamente, eran algo más grandes que los del BBK Live. Morcillo pidió su cerveza ofreciendo su vaso a una chica en la barra. Sin embargo, la chica, que llevaba gafas, y apenas parecía mayor de edad, dijo en voz alta y mirando de reojillo al encargado -un chaval unos cuantos años mayor con un pinganillo en la oreja-: «¡No, no puedo servirte en este vaso! ¡Porque este vaso no es del BBK Live!». Morcillo cogió su vaso y recorrió toda la barra hasta el otro extremo de la misma para pedir su cerveza a otra chica, pero el tipo del pinganillo lo había seguido a toda velocidad por dentro de la barra y lo interceptó: «No, no podemos servirte en este vaso porque no es del BBK Live». «¿Ah,  no? Y quién lo dice? ¿Lo dices tú?» Le dijo al chaval del pinganillo, y se alejó hacia donde estaba Ristra diciéndole que no con el dedo al chaval del pinganillo, el encargado de la barra, el currela que quiso cumplir con su deber, como censurando su actitud, como si Morcillo estuviera no por encima, sino más allá o más acá, y con toda legitimidad, de las normas capitalistas que algunos individuos respetan como si fueran dogmas y ritos de su religión. Cuando le dijo «¿Lo dices tú?», percibió en una centésima de segundo la inseguridad del joven cumplidor del deber, ya fuera porque en realidad no lo decía él sino su empresa (pero,¿qué reglas?, ¿qué normativa?) o porque no tenía ni idea de si Morcillo podía ser el hermano del presidente o incluso el presidente de Last Tour International.

Foto: Profesor Morcillo

ENGLISH TEACHER FOREVER

Morcillo sintió una conexión especial en el concierto.

La mayor parte de la gente que lea esta crónica (pero vaya usté a saber que diantres pasa en el futuro) en el presente, habrá conocido el «transporte», como se decía antaño, que se experimenta en la comunión con la música. Morcillo estaba en ese globo mágico. Aunque llevaba gafas de sol y ni siquiera podía ver sus ojos, percibía que Lily le miraba a él y que sentía la comunión de la música con él. Ella era una encarnación de la Diosa, él un danzante, un poeta sumergido en su celebración: ¿Resonancias de la reciente lectura de La Diosa Blanca de Robert Graves? Quizá. O quizá  las conexiones especiales más allá de la lógica y lo conocido existan y la música sea uno de sus lenguajes. El punto álgido de la conexión y el concierto fue la interpretación de «Nearly Daffodils», donde la grácil precisión contenida de ET se libera en un riff juvenil y libertario, ribeteado de precisas sílabas, de los que te hacen saltar con los brazos extendidos hacia el cielo. Ahora que lo piensa, la voz de Lily le recuerda aquí a la de Ivonne Ducksworth, de los míticos Jingo de Lunch. Quizá no sea sólo la voz en sí, sino también la forma de cantar, claro, la que evoca aquí esa sororidad libertaria, y es que, no en vano, el sonido de ET a día de hoy está estilísticamente construido sobre la tensión entre la contención de las partes progresivas, la tendencia a la liberación de las más (post)punk y otro lado más lírico, en el terreno del r&b, del soul. Hay un aspecto musicológico que Morcillo cree característico de estos grupos de última generación como Fountains DC e English Teacher: la reivindicación de lo oral como núcleo del pop-rock; no en vano, ambos, aunque muy musicales en el sentido melódico, armónico y estructural, transitan diversos terrenos cercanos al spoken word, la palabra hablaba, es decir, (re)colocan la palabra en el centro, en el núcleo de la música pop. Eso es muy interesante. La música alrededor de la palabra. En realidad, siempre ha estado allí.

EL VASO

Nada más terminar el concierto, entusiasmados, se toparon con P y abandonaron la carpa del escenario X para aproximarse a las barras anejas al escenario Y donde pronto tocarían Pulp. Por el camino, Morcillo relataba a P el «susedido  del vaso con voz burlesca: «…y dice la chavala: ¡Profesor! ¡Profesor!  ¡El vaso no es del BBK Live!»

«¡English Teacher! ¡English Teacher!…», bromeaba P.

Ristra sugirió pedir sólo a los chicos tardoadolescentes que abundaban tras las barras, ya que, presuntamente, eran más propensos a pasar por alto el código bbkainita en lo relativo al asunto del vaso oficial, bien por pasotismo o simple ignorancia (la probabilidad de que no se hubieran empollado la normativa antes de ejercer sus funciones era, según investigaciones empíricas, notablemente alta). Ella lo había hecho así antes del incidente y había ido bien, así que se dirigieron a la barra, interceptaron a un chavalillo con actitud despreocupada, le pidieron un par de kalimotxos en el Vaso, el joven lo giró ante sus ojos, parecía analizarlo con interés  —quizá la hipótesis no era tan sólida, dudó Ristra— y finalmente soltó: Qué chulos los vasos!!! En lo sucesivo, todos y cada uno de los kalimotxos fueron servidos en el Vaso. El vaso excéntrico, el vaso irregular, el vaso ligeramente más grande. 

Foto: Ristra Morcille

PULP

P se excusó. Tenía que irse. Ristra y Morcillo tomaron posiciones en la zona central, cerca de la barra. Ni Ristra ni Morcillo eran especialmente fans de Pulp. Para Morcillo son uno de los exponentes de lo que se llamó el Brit Pop. ¿Pero qué era el Brit Pop de todos modos? Lo que está claro es que tanto a Ristra como a Morci les gusta el pop y, especialmente, el británico. En la mente de Morcillo, Pulp eran casi la banda de acompañamiento del artista llamado Jarvis Cocker, por lo demás un dandy y un esteta, y esto lo dice Morcillo como queriendo decir que es un grupo en el que quizá había pesado más el esteticismo de Cocker que la música en sí, o eso pensaba Morcillo, quizá algo prejuiciosamente. Además, el Profesor siempre había pensado que  tanto el cantante de Suede (otro grupo de la época, aunque más tardío) como el de Pulp bebían quizá en demasía del estilo de David Bowie.

Ni Ristra ni Morcillo, que no habían escuchado el último disco de Pulp (More, publicado en junio de 2025), podían sospechar en aquel momento que el concierto sería TAN bueno.

Foto: Profesor Morcillo

La tríada inicial, según recapitula Morcillo, salió, efectivamente, de More Pulp, y fue Spike Island, Grown Ups (ambas han sido lanzadas como singles) y Slow Jam.

Podríamos decir que en la primera Jarvis se rescata, autoafirma y reivindica, que en la segunda abunda en su misma reflexión existencial con el tema de fondo de la edad y que en la tercera ya es un puro ecce homo que llora unos versos que llegan al puro poema épico y que, si no lo salvan, puedan acaso consolarla en su exquisitamente bien narrada y universal agonía, aunque esto sería, probablemente, simplificar unos textos y unos grooves que dan forma a parte de un disco en el que Ristra y Morcillo están sumidos mientras el Profesor aún teclea estas palabras y que aún no ha estudiado lo suficiente, pero que le fascina y lo tiene escuchando en bucle, obsesivamente, a veces cayendo en la obsesión repetitiva en canciones concretas, como es el caso con Slow Jam, Partial Eclipse, Tina o My Sex. Y probablemente, no lo analizará en todo detalle, porque Morcillo prefiere la fascinación, la exposición y la síntesis que va quedando como un poso al conocimiento analítico y racional de las cosas de abajo arriba.

Era un escenario televisivo, de big band, con cuatro grandes escalones o gradas iluminadas y una pantalla gigante detrás. Los músicos se repartían en distintos escalones y posiciones. Jarvis subía y bajaba por el centro, trajeado, elegante, incitante, revoltoso.

Nada más empezar, nos presentó su garito iniciático, una antigua fotografía de su recóndita fachada apareció en la gran pantalla sobre el escenario, estaba en Shefield, y nos contó que fue allí donde aprendió a bailar y que ese hecho fue crucial para él.

Predominó la elegancia groovie, entre funk y disco, escuela Bowie y Ferry. No había estridencia, no había, como no hay en More Pulp, intención manifiesta. La intención se diluye en lo real cuando llega. No hay imitación, no hay gesto. Todo gesto es realización.

Es bello, notable, importante que un artista en su sesentena realice el acto de aportar una obra superior a las anteriores y de llegar a la altura de sus maestros. Casi veinticinco años después del anterior disco de Pulp. Hablamos también de una voz que ha envejecido muy bien, como el buen vino. Qué hermosa confluencia la de lo físico y lo existencial. Que el instrumento mejore en consonancia con el cerebro.

Es hermosa, en efecto, y es casual. 

Una voz, en cualquier caso, que pasa de Cohen al Bowie más exaltado, con pinceladas de pueden incluso llegar a la pasión emocional de un Robert Smith.

Pero no olvidemos, y esta es también la magia de este maravilloso arte colaborativo que es la música pop en sentido amplio, que More Pulp está compuesto por una variedad de compositorxs, miembros de Pulp y del grupo de Jarvis Cocker y quizá algún otro músico. Es un logro colectivo. Y ello es difícil y muy bello al mismo tiempo.

Foto: Profesor Morcillo

No deja de ser llamativo e insospechado para Morcillo, que Pulp, Jarvis, también concedan tanta importancia al spoken word en este disco: pasajes recitados/hablados (por ejemplo, en Spike Garden o Partial Eclipse,) más canción pop con estribillo, sobre su base disco, la primera, más narrativa la segunda. Se podría hacer un doble mashup entre la sección spoken word the Partial Eclipse y la de The End, de The Doors; ambas son igual de míticas. Excede del alcance de este texto el comentario analítico del disco, pero Morcillo cree que parte de su grandeza es el enorme abarque temporal de su estética, que llega hasta los terrenos del swing de los años 50-60. Nos encontramos con una lírica madura, narrativa, autobiográfica, melancólica, seria y siempre divertida. Aquí es donde está el arte: en la intersección de lo serio y la belleza. O de la gravedad y la gracia, en términos de Simone Weil.

Tanto el disco (grabado por «seres humanos» leyó Morcillo que decía Cocker tanto miembros de Pulp como del grupo de Jarvis en solitario) como estos Pulp en directo, suenan grandes. Mucho más grandes que en sus grabaciones anteriores de años ha.

Hay que felicitar a los ingenieros y al BBK Live por la excelencia tanto del sonido como de los efectos visuales, en general en el festival, y en particular en este concierto.

Jarvis cantó, se tendió boca arriba, se tomó un café, comentó que había luna llena. Fue un cantante, un crooner y un divo. Todo ello envuelto en una producción audiovisual de primera magnitud.

Foto: Profesor Morcillo

En Slow Jam, Morcillo se quedó con el verso «You, me, and my imagination». Cree que Cocker lo declaró antes de comenzar la canción, pero no lo recuerda con exactitud. En el punto álgido y más emocionante de la canción, dice, canta:

“Come on, let’s have a threesome, baby

You, me, and my imagination”.

Morcillo aprueba.

El setlist fue este:

«Spike Island», «Grown Ups», «Slow Jam», «Sorted for E’s & Wizz», «Disco 2000», «F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E», «Farmers Market», «This Is Hardcore», «Sunrise», «Acrylic Afternoons», «Do You Remember the First Time?», «Mis-Shapes», «Got to Have Love», «Babies», y «Common People».

Escuchen More Pulp y vayan a verlos si pueden.

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