
Black Francis cita a The Cars, Hüsker Dü, Iggy Pop, Buddy Holly, el cantante de rock cristiano Larry Norman o el grupo folk Peter, Paul and Mary entre sus influencias; y luego están las de los demás miembros del grupo. En un giro simplificatorio, ideal o hipotético, podríamos decir que el estilo de Pixies tiene algo de ramoniano. Una fórmula, más compleja, eso sí, que da como resultado, en cualquier caso, que el 80% de tus canciones puedan ser primer single. Imagina un riff de los Ramones al que se le cambian un poco las notas, si acaso, hacia algo un poco más extraño e inquietante, lo ralentizas, cortas el riff abruptamente a los 3/4 y vuelves al uno, ya tienes un bucle, o lo prolongas en una progresión de acordes más larga, o lo dejas igual, pero además haces composiciones de estructura un poco más compleja y mejores, aunque breves, y, además, juegas salvajemente con la dinámica: partes en las que sólo hay bajo y batería (y consigues que esos dos elementos suenen tan bien que podrían hacerlo solos y seguir siendo fantásticos; incluso cada uno de ellos por separado), partes que suman intrincados y armónicos juegos minimalistas entre dos guitarras (guitarras que también suenan de maravilla por separado) o, más a menudo, entre la guitarra solista/arreglista y la voz, arreglos que parecen siempre los más adecuados, no importa lo raros o clásicos que sean, partes explosivas, partes medias, y una gran voz capaz de delicadezas melódicas, partes narradas, suspiros extraños, vocecillas nerviosas y juguetonas, gruñidos raros y gritos desaforados, apoyada por unos coros melódicos femeninos perfectos. Ten en cuenta, además, que, en la música pop, no sólo es que la voz sea el instrumento principal que el resto de los instrumentos acompañan, es que lo que hace la voz -y a ello que coadyuvan el resto de los instrumentos- es expresar las ideas contenidas en las letras, que, a su vez, son expresión del artista. El resultado es que la música al completo es la expresión de las ideas del artista. Y, por supuesto, el artista es un vehículo de expresión de las ideas del mundo psíquico en el que vive, y éste un mundo fenoménico que representa una realidad concreta, en un ámbito espacio-temporal de la cultura humana, y, por extensión, la realidad humana, y, por extensión, el mundo, y, más allá, el universo. Pero esa «realidad concreta, en un ámbito espacio-temporal de la cultura humana» es lo que más diferencia unas expresiones artísticas de otras. En este caso, esa realidad no es otra que la de los Estados Unidos de América.
Se suponía que la crónica abarcaría también la estancia de Morcillo y Asistente en el hotel Axel Madrid, hotel gay pero hetero friendly, en el que se alojaron, pero como se perdieron parte de las experiencias: la actividad nocturna en el club Bala Perdida, donde había espectáculos, y luego el desayuno, pues se sentaron en el comedor más vacío, pero en el que sólo había heteros, no saben si harán la reseña. Sí que experimentaron la piscina en la azotea, donde disfrutaron de un cava de bienvenida y un rato a remojo, que fue genial para mitigar el sofocante calor. Casi todos eran hombres gays, aunque también había chicas, casi todos con cuerpos mucho más esculpidos que el de Morcillo. Hace tiempo que Morcillo -que, sin embargo, procede de una época y un entorno poco amigable para con la homosexualidad- no siente ningún tipo de inseguridad entre hombres homosexuales, por lo que estuvo la mar de a gusto.
En el metro, una trabajadora extremadamente amable que les hablaba de usted y que tenía más o menos su edad o un poco más, les ayudo a comprar los billetes. ¿Y qué van a ver ustedes en el Jardín Botánico? Yo estuve hace poco viendo unos conciertos estupendos. Pues vamos a ver a Pixies, sí. ¿Pixies? Ah, pues no los conozco.
Nada más entrar al recinto del Jardín Botánico, Morcillo se acordó del poeta Gsús Bonilla, de sus cuadernos de un eco-sicario y de sus comentarios acerca de la vida de la flora en los entornos urbanos, ya que Bonilla vive, es jardinero y escribe en Madrid.
Pidieron un mini de tinto de verano y accedieron a sus asientos en la grada del anfiteatro. Desecharon la idea de colarse en la pista, como habían hecho por dos veces y de dos distintas maneras en sendos conciertos de The Cure en el Palau Sant Jordi de Barcelona, porque la vista del escenario desde la grada era fantástica y además corría la brisa en la altura, cosa que, en medio de la ola de calor, no era moco de pavo.
Una gran lona con el logo del grupo decoraba el escenario. Una voz de mujer anunció que el concierto comenzaría en 5 minutos. Morcillo observó el murete de amplificadores de los guitarristas, un Marshall alto, con cabezal, en el lado de Joey Santiago y multitud de Fenders diversos, la mayoría combos, y el tamaño de sus pedaleras: muy grande la de Santiago, grande la de Black Francis.
El grupo salió al escenario al son de la canción You Know My Name (Look Up the Number) de los Beatles y ocupó posiciones entre aplausos, silbidos y vociferios.
Morcillo alucinó con la estructura del concierto, le pareció extraordinaria, dotada no solo de un dinamismo, con subidas y bajadas, análogo al que habitualmente encontramos en una canción de Pixies, sino que parecía, además, tener cierta intención estético-narrativa:
1) Gauge Away, con explosión de júbilo del público, “some marihuana if you got some”, etc., donde Francis soltó unos gritillos locos que parecían transmitir su sentir interior del momento mientras se contoneaba ante el micro, y una traca de otros cinco clásicos (Wave of Mutilation, Monkey Gone to Heaven, Cactus, Caribouuuuuuuuuuu y Hey; todo de Doolittle menos una de Surfer Rosa) en los que no hubo ni un sólo coro. Al principio, Morcillo pensó que la nueva bajista (Emma Richardson) no iba a hacerlos; quizá no hubiera tenido tiempo de prepararlos o no se le dieran bien. La voz de Francis era, sin embargo, suficiente para tirar de las canciones y elevarlas divinamente. Le impresionó la calidad y potencia de su voz, sobre todo teniendo en cuenta que ya no es un hombre joven. Pero en Velouria, Richardson comenzó a hacer coros. Más tarde, Morcillo pensó que la ausencia de coros al inicio había sido deliberada, con el objeto de contribuir a la dinámica y dramatismo del concierto, subrayar su estructura, la diferenciación entre sus partes, y también la voz de Francis. Wave of Mutilation (nada menos que Ola de Mutilación) tendría su importancia dramático-narrativa peculiar, como veremos más adelante.
2) Un par de Bossanovas, es decir, Velouria -introducida por drones de guitarra, primero, y adornada de densidades ruidosas y rasgueantes, después, por Santiago- y The Happening y hacen de puente: Francis cambia entonces a guitarra electroacústica y llega una fase en la que suenan temas más recientes, el inédito The Vegas Suite y Chicken, adelanto de su próximo L.P., combinados con Bossanovas y Surfer Rosas, con preferencia por las canciones algo menos conocidas, excepto Here Comes Your Man. Quizá sea por la electroacústica, pero a Morcillo le parece que estas canciones están en general más influenciadas por sonidos más tradicionales, lo que se llama americana: country, blues, rockabilly…; pero también surf. Le suenan mejor, un poco más potentes, compactas y tensas que las de la primera tanda, solo un poco; y le parece que suenan aún mejor que en las grabaciones de estudio, especialmente Chicken, con ese bellísimo y lánguido, sentido, sollozante bending de blues sofisticado, gótico-americano, que podría aparecer en una película de David Lynch. En concreto, tocan The Vegas Suite, Vamos, Here Comes Your Man, Ana, Mr. Grieves, Motorway to Roswell, Chicken y la profunda All Over the World. Morcillo observa cómo Francis acopla su electroacústica sin acercarla al amplificador al final de una canción; lo hace pisando un pedal de efecto gain o boost que luego suprime.
3) Fase hardcore: vuelve la guitarra eléctrica a las manos de Francis. Temas más acelerados y ampulosos, toques que recuerdan a Hüsker Dü , Descendents o Black Flag. Notas violentas, todos a una y con bombo y platazo y gritos furibundos… A Morcillo se le va la pierna llevando el ritmo y cabecea mientras toma alguna nota. El concierto va ciertamente a más. No lo he mencionado hasta ahora, pero dos filas más abajo en la grada hay tres vielas que no dejan de levantarse y alzar los brazos única y exclusivamente cada vez que suena una de las canciones más conocidas de los 90, por ejemplo, Here Comes Your Man. No les importa hurtar la visión del concierto a los que están detrás. Morcillo abomina de su actitud. Se queda con sus caras. Para, si alguna vez está soltero, no quedar con ellas nunca. Son I Bleed, Crackity Jones, Isla de Encanta, Head On (version de The Jesus and Mary Chain), Planet of Sound, Alec Eiffel, The Navajo Know, Tame y The Sad Punk, las canciones de esta fase.
4) Fase de la locura final: Dig for Fire (vuelven las vielas). Bone machine (el pop más majara del mundo). In Heaven (Lady in the Radiator Song) (Versión de Peter Ivers y David Lynch, según comprueba Morcillo, y cantada por la bajista, Emma Richardson). Entonces vuelve la electroacústica. Se acerca el final. Suenan dos temas marcadamente apocalípticos: Death Horizon (Horizonte de Muerte o de la Muerte) y, de nuevo, Wave of Mutilation (Ola de Mutilación o de la Mutilación) en versión más lenta. Es extraño, muy extraño, repetir una canción en un concierto, pero lo cierto es que Pixies tienen dos versiones de esta canción y la que tocan ahora es la versión UK Surf. Y luego Where Is My Mind? Según Francis, la canción se le ocurrió mientras hacía snorkel y un pez parecía perseguirlo. Donde está mi mente. Dualidad cuerpo-mente. ¿Dónde está la mente? ¿Está en el cuerpo? ¿Es el cerebro? ¿Está fuera de él? Morcillo y Asistente no pueden obviar que una versión de este tema está en la americana, apocalíptica y universal The Leftovers, una de sus series favoritas. Acaban con una versión de Winterlong (Neil Young); en el extenso final abundan en ruidismos eléctricos y largos acoples de electroacústica por parte de Francis contra el ampli.
Se retiran. Larga ovación. “¿Una más?”, dice con un gesto: Debaser.
Se retiran.
El público pide otra, otra, otra, otra, pero el concierto ha finalizado.
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