Crónica BBK Live 2024. Sábado.

Foto: Asistente

Por Profesor Morcillo y Asistente.

Nuestras más morcillescas disculpas a l@s artistas por no haber podido acudir el viernes. Como le dijo recientemente a Morcillo una editorial a la que había enviado un libro, sentimos comunicar que no nos resultó posible incluir su propuesta en nuestra programación, sin que ello suponga un juicio negativo de la obra.
«La sangre del rico es pus». Un disco que comienza con este rotunda sentencia no puede ser un disco cualquiera, sobre todo si los versículos que siguen, lejos de ser obvios, planos, unidimensionales o unicelulares, introducen al oyente en un mundo de alta potencialidad reflexiva moral. Y es que Morcillo piensa que la moral es la más importante de las dimensiones intelectuales y artísticas.
Buena jugada por parte del festival poner a ALCALÁ NORTE a primera hora y aprovechar el hype por el grupo. Nosotros no queríamos perdernos este concierto. Así que allí estábamos, en el escenario principal, minutos antes del comienzo. Miramos hacia atrás y hacia los lados: hay muchísimo público para la hora. Expectación.
La cámara-grúa sobrevuela nuestras cabezas. Morcillo piensa en su calva en las imágenes. Observa a la gente. Hay un tipo de su curro con un sombrero. Gente de todo tipo. Muchos con aspecto festivalero: gorros, gorras, gafas de sol, camisas llamativas. Hay un tipo mayor con un tatuaje en la cara a su derecha. Otro, sin duda guiri, joven, con un peinado a lo Harry Styles y unas rayban negras, está demasiado animado y demasiado cerca de Morcillo. Morcillo se separa un poco.
Aparecen los músicos. El batería heavy Barbosa es el maestro de ceremonias. Lleva una bota de vino, un chaleco vaquero y unas mallas a rayas negras y blancas tipo Obús. Se acerca al micro del cantante, saluda como un Mojino y ofrece la bota en señal de buena voluntad; pega un trago, hace un nuevo comentario simpático con su castiza entonación y la lanza al público antes de tomar posición tras los parches.
Los músicos de izquierda a derecha: el guitarrista melenudo, de pelo muy largo y canoso con gafas de sol negras y la guitarra baja; la teclista morena de melena ondulada, grandes aros en los lóbulos y vestido negro; el cantante enfundado en una camiseta del Athletic, no una cualquiera, sino una de la peña Piratak; Barbosa al fondo, en el centro, a la batería; el bajista, moreno, de negro, con unas llamativas y festivaleras gafas de sol de pasta verde; el otro guitarrista, vestido como si viniera de una comida familiar de las de antes y la guitarra colocada a su altura más práctica, es decir, bastante alta.
Arrancan con Los Chavales, segunda canción del disco, su lado más canónicamente post-punk y van desgranando canciones, algunas ajenas a su debut. Este primer disco resuena unos The Cure y The Smiths ya pasados por el tamiz de la Movida y oscila ora hacia el punk desafiante, ora hacia el indie español (menos). Es algo Bola de Cristal, pero, lógicamente, más moderno, y tiene algún toque que a Morcillo le recuerda a Prefab Sprout (en realidad, solo la entrada y la estrofa de No llores, Dr. G). Musicalmente, resulta resultón y efectivo. Pero es un primer disco y, además, un disco de transición, entendemos, debido al baile previo de componentes del grupo; hacia qué, no lo sabemos.
Lo tocan todo en directo, sin pistas añadidas. Eso nos agrada.
Morcillo y Asistente escuchan y observan con atención. Álvaro Rivas, el cantante, casi que les rompe un poco los esquemas por su amable y melancólica desafección; algo menos a Morcillo, ha de decir, cuya presciencia en este asunto viene alimetada por sus abundantes escuchas del disco -el que más ha escuchado últimamente junto con el de Ultimas Voluntades- y la lectura de una entrevista en la que Rivas apuntaba que la canción Westminster -la favorita de Morcillo y Asistente de largo- era la línea a seguir; Morcillo estuvo de acuerdo. En El Rey De Los Judíos, Rivas se baja del escenario y recorre el pasillo central dándose un baño de masas. Asistente pensaba que la actitud escénica del grupo sería más punkarra. Ciertamente, su disco invoca esencias punk ochenteras, ese desparpajo verbal, creativo y desafiante, y eso nos rejuvenece, pero ya no estamos en aquella época. Barbosa lanza ráfagas chistosas entre canción y canción. Y antes de Westminster, dice: «el doom ibérico». A Morcillo no le parece doom, pero le encanta esa canción. Le gusta todo de ella. La letra y la voz son maravillosas. Esta canción es una historia, una ficción de las que te transportan a un mundo en el que uno quiere estar sin ambages. Morcillo arquea su espalda mientras toca guitarra aérea en el riff de pura esencia hardcoriana que acompaña las gloriosas líneas «tengo el decreto secreto de Dios en mis manos y he pensado que quizá sea mejor no leerlo», etc.
Rivas es una mezcla de nerd de Big Bang Theory y de poeta latino clásico. La corona de laureles que se ha puesto en la cabeza le va que ni pintada. Su poesía es singular, quizá hasta demasiado para los escenarios. O no. En este sentido, le recuerda a Sergio Algora, de El Niño Gusano, que en paz descanse. Poeta latino clásico, se dice Morcillo, y místico medieval. Poeta místico medieval en el año 2024. Con todo el cinismo y el nihilismo que llevamos encima. Esto es fundamental para entender el porqué de Alcalá Norte.

Morcillo y Asistente se fueron alejando hacia la barra mientras los asistentes por fin recibían su dosis indie con la esperada La Vida Cañón.

Se dirigieron al escenario de al fondo a la derecha del Bilbao Live Festival, que es como en realidad se llama, y se sentaron en el suelo a escuchar y ver en las pantallas gigantes a ZEA MAYS.
Lo primero que les llama la atención es la voz y el rostro de satisfacción de Aiora Renteria, su vocalista, llena de color y pasión en los primeros planos de la pantalla, retratada como una gran diva del «soul» euskaldun. Parece que ya suena a un volumen más correcto este escenario (el jueves hubo quejas). Zea Mays hacen ese tipo de pop-rock alternativo euskaldun no demasiado ambicioso o cuya ambición encaja a la perfección en el mainstream. Una ambición así no pretende innovar o salirse del tiesto, sino bordar lo que hace y disfrutar de ello, y esto es lo que hacían los cuatro miembros del grupo, con desparpajo, soltura y hasta diríamos que felicidad.
Saludos y referencias a Bilbao… (Ellos son un grupo de Bilbao, para quien no lo sepa)… Versión de Doctor Deseo… (Un clásico bilbaino, para quien no lo sepa)… Y recomendación de Aiora de no gastar mucho. Sí, lo sabemos, el festival es caro y es una máquina de deglutir dinero.
La voz de Aiora no es ninguna tontería y le pone mucho sentimiento. El grupo es aplaudido y vitoreado desde las primeras filas. Hay mucha gente viéndolos. Morcillo observa a la concurrencia a su alrededor. Se fija en una chica cuyo rostro le recuerda a la famosa artista internacional *** ****. Le dice a Asistente: ¿Pero qué hace *** **** sentada ahí a tu derecha? A Asistente no le parece que se parezca a *** ****. Morcillo recuerda una conversación reciente con dos amigas en la que les había dicho que *** **** le cae mal porque le parece que está todo el día presumiendo de lo maravillosa que se supone que es su persona física. A Morcillo no le suelen agradar los artistas que presumen en exceso de su morfología facial y/o corporal.

Morcillo y Asistente se trasladaron al escenario Txiki. Mientras esperaban tomando cerveza, Morcillo escuchó el silbidito de la familia. Era su primo P Estaba con su prima I y con las parejas de ambos. Acudieron a su encuentro. Estaban en el centro, en un lugar de excelente acústica. Tras los besos, saludos y conversaciones, sonaron los aplausos y vítores de bienvenida a MULATU ASTATKE, quien acaba de salir para colocarse ante su xilofón a la vanguardia del escenario. A su izquierda, un batería y un percusionista con un amplio kit. A su derecha, dos saxofonistas trompetistas y flautistas. Sobre su hombro izquierdo, el contrabajista; sobre el derecho, un violonchelista y, un poco más allá, el teclista. Mulatu Astatke dio las gracias, muchas gracias, al público y destacó la vista de las montañas y las nubes de la que podía disfrutar mientras tocaba. Las vistas en los conciertos de la tarde en el festival pueden resultar ciertamente preciosas. Lo celebramos. Celebramos la belleza y la vida. Celebramos su resurrección.
Morcillo nunca había escuchado a Mulatu Astatke. El comienzo le recordó bastante al John Coltrane de los 60. Morcillo no es un entendido, pero sí un discreto y apasionado amante del jazz. Lo descubrió en la universidad gracias a su amigo S, el mismo que le enviaría un wasap días después que decía «(…) Massive Attack han sido muy consecuentes y valientes con su discurso (…) Una disrupción en el rollo “escapista” del festival (…) Una bofetada de realidad». 

Morcillo disfrutó como un enano del concierto de Mulatu Astatke. No paró de llevar el ritmo con el pie. Se le metía en el cuerpo. (Asistente agradeció que la cosa no llegará a más y Morcillo se arrancase con su característico baile Caponata-Rex). De hecho, fue el concierto que más disfrutó de todos, y eso que, si estaba allí, era casi exclusivamente para ver a Slowdive. Es por ello que, antes de que acabara el concierto de Mulatu Astatke, nos excusamos para coger un buen sitio.
Por el camino, sin embargo, nos detuvimos a comprar una hamburguesa. Esta vez estaba bien hecha, aunque el tipo de producción, desenfrenada y en cadena, fuera la misma.
Pasamos junto al concierto de El Columpio Asesino justo cuando tocaban su clásico Toro. Los habíamos visto en el Kafe Antzokia de Bilbao unos meses antes. De no ser así, no nos hubiéramos perdido su concierto.
Morcillo quería comerse lentamente la hamburguesa, pero como, una vez cogido sitio, resultó que se estaba meando y se dirigió presuroso a los baños, tuvo que efectuar una rápida deglución, el último fragmento mientras accedía a los servicios, lo que le resultó un tanto desagradable. Mientras miccionaba en la cabina, alguien llamó a la puerta. No hizo caso ni dijo nada, excepto para citarse a sí mismo del Hecho, es simple de 7 Notas 7 Colores un «No. No ha terminado mi operación».
Rachel Goswell y su amable y plácida sonrisa ocupaban el centro del escenario ante un teclado y junto al bajista, cuya pose y maneras a lo Simon Gallup ya ha sido comentada en algún sitio. La de Gallup creemos que viene de Paul Simonon, de los Clash, pero, ¿de donde viene la de Simonon?
SLOWDIVE se completaban con los dos guitarristas en los flancos -Neil Halstead (guitarra y voz) a la izquierda del escenario- y el batería en en centro, bajo una pantalla gigante que mostraba ensoñadores efectos visuales. A Morcillo le encantaron, sobre todo, los agujeros de gusano. Morcillo emprendió un lento buceo en el mar de sus pensamientos con el objetivo de comprender el sentido y la verdad de todo.
Slowdive son uno de los grandes nombres del estilo shoegaze, cuyos máximos representantes, al menos para nosotros, son My Bloody Valentine, a quienes vimos en este mismo escenario hace unas cuantas ediciones. Slowdive, no obstante, son un poco más tardíos e inclinados hacia lo que se llama dream pop. Su disco Souvlaki (93) es un clásico compuesto íntegramente por Halstead, excepto por un par de canciones coescritas con (nada más y nada menos) Brian Eno. Algo que sorprende es la calidad de su reciente disco, editado en 2023. No tocaron la canción favorita de Morcillo, Dagger, de Souvlaki. Morcillo supuso que, como versa de la ruptura sentimental entre Halstead y Goswell y, además, requeriría de un momentáneo cambio al formato electroacústico -uno de esos momentos reservados a las canciones especiales- no venía mucho a cuento. Sin lugar a dudas, Slowdive cuentan con un repertorio de tal calidad que les permite dejar fuera esa maravillosa, exquisitamente melancólica, tonada. ¿Por qué los irlandeses, galeses, escoceses e ingleses son tan buenos en la música pop? Morcillo cree que hay varios motivos detrás de ello, pero piensa que la relación directa entre la música folk de las islas -una música de profundo arraigo en su cultura, de una importancia casi religiosa- y el desarrollo del pop es el principal. Algo de esto recuerda haber leído hace años Morcillo en Rastros de carmín, de Greil Marcus, acerca de los Sex Pistols y, en concreto, de John Lyndon, de ascendencia irlandesa; aunque también recuerda que le horrorizó la prosa de aquel libro, le pareció completamente desordenada y se preguntó si era posible que se debiera a la traducción. Cuando Morcillo escucha música tradicional celta, descubre delicadas armonías y melodías cuya transposición al lenguaje del pop cree a menudo escuchar en los mejores artistas isleños del género. Las escucha en Slowdive.
Rachel Goswell acompañaba algunas melodías con un movimiento ondulatorio de su mano. Su cabello era mitad rubio, mitad negro. Lucía algún tatuaje y un vestido negro bastante gótico. Su voz sonaba un pelín baja de volumen en la mezcla al principio, por lo demás impecable; luego se corrigió. Neil Halstead llevaba pantalones, camiseta y gorra de tonos suaves, surferos y apagados. De la gorra marinera de visera asomaba su cabello rubio a juego con su bigote. Sonreía. Su aspecto era bastante juvenil.
Cambiaba se guitarra casi en cada canción. Utilizaba un par de amplis Roland Jazz Chorus. Morcillo observó la técnica de ambos guitarristas. Por lo general daban pocos toques. Lógico, ya que el sonido de Slowdive está bastante basado en el uso del delay en las guitarras. El colchón de melódicos graves del bajo sobre la base percutiva de la batería y los atmosféricos y dramáticos teclados de Rachel -que también tocó la guitarra en una o dos canciones ante el creciente protagonismo vocal de Neil-, y las voces perfectas de ambos, componían el resto de la inmersiva, etérea y onírica explosión sónica acompañada de excelentes efectos visuales análogos. Hace ya tiempo que los grupos compiten en el Bilbao también en el terreno de las pantallas gigantes. Por ejemplo, Supergrass, en la edición de 2022, hicieron un buen concierto, pero les faltó el apoyo visual. Y quizá este año vaya a recordarse, si acaso, como un año de pantallas: con los excelentes efectos de Slowdive por un lado y la declaración punk-política de Massive Attack por otro.
La maravillosa Alison quedó dando vueltas en la mente de Morcillo durante días, pero pronto la sustiyó Dagger, la ausente.
Slowdive cerró el concierto con el hit When the Sun Hits.
Morcillo y Asistente despertaron y caminaron de nuevo sobre las campas de Kobetamendi.
Se dirigieron hacia la elevación opuesta al escenario Nagusi. Dudaban. No les venía gustando mucho Jungle, pero los verían si quiera un rato desde allí, a ver qué tal.

Comentaron el olor. El terreno desprendía un tufillo que se hacía más fétido a cada paso. De hecho les recordó al olor que habían estado percibiendo últimamente en algunos lugares de Bilbao. Quizá algún problema de alcantarillado. Asistente dedujo que el olor se debería a la lluvia del día anterior, pero la proximidad de los baños públicos y la monstruosa cantidad de gente que había por allí, ya el tercer día del organismo bbk live funcionando a todo trapo, hicieron pensar a Morcillo que en realidad el suelo había ido filtrando purines humanos, que sumándose a los que efervescían en el subsuelo del Botxo, habían acabado por conformar un iceberg de mierda cuya punta pugnaba por buscar una salida en Kobetas.
Jungle pronto aburrieron a Morcillo y Asistente. Rodearon a la masa que, aparentemente, disfrutaba del concierto y se detuvieron ante una de esas atracciones promocionales, un juego-concurso patrocinado por una aerolínea low cost con buenas conexiones desde el aeropuerto de Bilbao. Entre el airecillo de la noche y la digestión de la hamburguesa, Morcillo iba notando que los gases ya viajaban por el sinfín de su barriga hacia la trompetilla. No quería, pero Asistente insistió en que participase en el concurso, y el instinto aprovechavielo hizo el resto: podrían ganar un bono-descuento para un vuelo. El juego consistía en subirse a una gran bola de goma que pendía de una cadena y se sujetaba con un mosquetón a un lado del tenderete. Al soltarla, la bola, con el concursante sentado encima agarrado a la cadena, pendulaba hacia el otro lado, donde había 6 grandes bolos que el concursante debía derribar. Morcillo extendió su pierna izquierda para montarse en la bola, que fue desplazada hasta el mosquetón con su orondo cuerpo encima. Al soltarlo, Morcillo voló con la bola entre las piernas hacia los bolos; extendió y palateó con las piernas, como un gran simio retozón, y logró derribar cinco bolos, registro récord a juzgar por las marcas de los concursantes inmediatamente anteriores. ¿Una «tote bag» y un identificador de maletas? ¿En serio? ¿Eso es tote?

Se trasladaron al escenario Txiki. Desde hacía un par de conciertos, una vez llegados al escenario, miraban el Facebook para ver qué había ido a ver Javier Corral «Jerry», periodista y crítico musical de nivelón, incombustible apasionado de lo suyo desde que hacía entrevistas a Eskorbuto, etc., en los primeros 80, y si habían coincidido en sus elecciones. Coincidieron en todas menos en la última, ya que Morcillo y Asistente no se quedaron a ver a Alvvays- más por cansancio que por indiferencia- y Jerry sí.
NONAME ya habían empezado su concierto. Morcillo y Asistente se sentaron en el talud lateral. Desde allí, Morcillo vio a Jerry, con un par de amigos, viendo el concierto y haciendo comentarios. Morcillo le dijo a Asistente: «Mira, aquel de allí es Jerry. El que está con aquellos, allí», etc. «Sí, el de la gorra».
Noname es el nombre artístico de Fatimah Nyeema Warner, que, al parecer, además de rapera es cómica, actriz, modelo, poeta y productora estadounidense. El término mocatriz se le queda, por lo tanto, pequeño. Morcillo había escuchado una canción o dos a lo sumo en la playlist. Allí estaba dándole a un hip hop orgánico, es decir, con banda. Buenos músicos y una verborrea constante. Noname iba vestida de colegiala y lo cierto es que lo parecía, además de la primera de la clase, quizá tan rápida en sus comentarios y salidas que son difíciles de seguir. Morcillo había estado escuchando al rapero MF DOOM en su coche durante los días previos. Le resultaba difícil seguir las letras, aunque cogía barras aquí y allá. Lo había estado escuchando porque, hacía un tiempo, su colega U le había dicho que era un poeta. No estaba en disposición de saberlo en ese momento, pero como músico MF DOOM le había gustado mucho.
Cansados pero contentos, Morcillo y Asistente abandonaron el lugar. La noche estaba agradable y quisieron hacerlo caminando, en lugar de coger el bus de la organización. En su descenso a Basurto una brisa ligeramente pestilente les devolvió a su hipótesis del copro-iceberg subterráneo, que fue adquiriendo mayor robustez según se acercaban a la altura de la plaza circular (esquina de la Estación del Norte), y fue refrendada con fétida contundencia en el Arenal, parque temático del equipo de gobierno comandado por el alcalde Aburto (pero esto ya será objeto de una próxima crónica crítica).