
Ristra y el profesor llegaron a Burdeos sobre las siete. Nada más salir del aeropuerto les recibió el sol del atardecer y la agradable y característica fragancia del pino marítimo de la región. Comentaron lo diferente del clima y las sensaciones respecto a UK.
Habían escogido un hotel económico cerca de la estación de Saint Jean, ya que al día siguiente partírian para Hendaya en el TER.
Tras una ducha rápida salieron a cenar. Lo intentaron primero en el bar Fontainebleau, que contaba con buena puntuación en Google, pero al llegar el tabernero les dijo que estaba a punto de cerrar (horario francés). Casi mejor, porque el menú, aunque económico, se antojaba demasiado copioso para el delicado estomago de Ristra y el interior del local les recordó a un bar de carretera.
Finamente encontraron sitio frente a la Gare, en una de las bonitas terrazas iluminadas al más estilo boulevardiano.
En Google no le daban más de un 3 y pico, pero el hecho de ver a locales cenando moules y el creciente miedo de Morcillo a quedarse sin su ansiada cena gabacha, consiguieron vencer las aprovechavielas* reticencias de Ristra.
Elección: dos refrescantes platillos de puerros en vinagreta y pepino a la menta y yogur y unos moules et frites.
Los entrantes cumplieron su objetivo holgadamente, sobre todo los puerros, suaves y sedosos, cubiertos por una vinagreta de huevo picado y mostaza. Morcillo felicitó a Ristra por la elección.
Por fin llegó la mejillonada. Al levantar el bol de cristal que empañaba su visión, Morcillo y Ristra quedaron cariacontecidos. Un picadillo anaranjado cubría los minúsculos bivalvos, cuyo sabor recordaba lejanamente al chorizo a la sidra más txosnero**. Y el mayor miedo: desprendían un ligero tufo a «gambachungatumbalayaya». El profesor sugirió echar para atrás el plato, pero Ristra le invito a probar primero: «Es como la ruleta rusa, como las pipas Facundo, si te toca la chunga la escupes y te metes otras dos rápidamente para quitar el persistente sabortufo«, comentó. Y tras reir un par de manidos chistes escatológicos de los que Ristra suele hacer alarde, acabaron con el bol con satisfacción, sorprendidos gratamente por la inesperada combinación mojojón-txosnera.
Ristra se apresurò a pedir l’addition, y Morci pataleó por quedarse sin postre. El mousse chocolat à la chantilly y la tarta citrón que pidieron los jóvenes franceses de la mesa contigua pintaban francamente bien.
Precio: menos de 30, con medio litro de rosado de la casa, fresquito.
Puntuación:
Comida: 3’7 morcillas
Ambiente: 4’5 morcillas
Servicio: 4 morcillas
* Aprovechavielos/as/es: dícese de las personas entradas en años obsesionadas por el ahorro e inexorablemente atraídas por «n’importe quelle» promoción gratuita como polillas a la luz, sabedoras de innumerables tretas para gastar lo menos posible.
** Txosna: La txosna (o también txozna, más frecuente en Navarra) es una taberna que se monta en las fiestas regionales en Euskal Herria. Es típico servir katxis de bebidas alcohólicas, sobre todo kalimotxo y cerveza, y grasientos bocatas de porcino, mayoritariamente, en este tipo de tabernas. (Adaptado de Wikipedia).
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